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Herrería
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Datos sobre los primeros artesanos españoles dedicados a esta labor en la región, se pueden encontrar en las crónicas españolas de la época de la conquista. En Guatemala se les menciona en actas más formales como las del Libro Viejo y las de los Cabildos del Ayuntamiento Colonial. Desde esa época fueron agregándose más artesanos entre maestros y oficiales dedicados a la herrería, surgiendo así, el gremio de herreros y cerrajeros en 1672. Los primeros herreros de la ciudad tenían a su cargo trabajos ordinarios como hacer clavos para los portones de madera, faroles, bisagras, balcones, carretas, herraduras, camas, entre otros , que se fueron perfeccionando hasta llegar a ser, en muchos casos, obras con sellos muy personales. En la época colonial el hierro era traído en forma de barritas cortas, las cuales debían ser añadidas unas con otras según lo requiriera el trabajo. Estas uniones, en forma de nudillos muy característicos, se pueden observar aún, en viejos balcones que forman parte de las casas antigüeñas. Los maestros herreros de hoy, como muchos oficios artesanales, han aprendido el arte de la forja de generaciones pasadas, y aunque sus encargos ya no son hacer carretas o herrajes para caballos, su trabajo ha ido evolucionando en objetos de uso más decorativo, imprimiéndole a cada martillazo su toque personal y artístico. La forja consiste en llevar el hierro a altas temperaturas y con un martillo darle la forma deseada; cada detalle agregado a la pieza que se trabaja requiere de una habilidad basada en los conocimientos, no sólo del proceso, sino también de las cualidades del material con que se trabaja. |